Los 350 días de África de cabo a rabo
350 días pasan volando…
Un pedazo de África en Madrid
Acostumbrados como estamos a comer en restarantes que desvirtúan la gastronomía de los países cuyas recetas tradicionales dicen cocinar, encontrar el Baobab en pleno corazón de Madrid ha sido toda una sorpresa. De las buenas, claro.

No es que la cocina africana sea tremendamente sorprendente o variada. De hecho, lo sabréis los que hayáis seguido nuestro blog, a nosotros nos pareció más bien lo contrario. Pero sí que hay platos que nos han encantado a lo largo de nuestro viaje.
Algunos de ellos los encontramos en Senegal y para gran sorpresa nuestra los hemos podido probar de nuevo en Madrid, tal y como sabían en los chiringuitos y puestos callejeros en los que comíamos durante el viaje.
De Senegal nos quedamos con el pollo yassa (cocinado con cebollas y limón), el mafé (que también lo preparaban en muchos otros países, y normalmente de pollo, guisado con una sabrosa salsa de cacahuete), el caldou (arroz blanco con salsa de cebolla y verduras, pasta de hoja de hibisco y pescado frito) y, finalmente, el thiebuyenne (pronúnciese “chebuyén”) que es el plato con el que nos transportamos, nuevamente, a las calles de St Louis, de Ziguinchor, de Tambacounda… de nuevo, viajamos, pero esta vez a través de la comida.

El plato en cuestión (en la foto) es un lecho de arroz frito en tomate, verduras, y, sobre todo, aceite de palma, que le da un sabor (y pesadez) especial. Por encima, trozos de repollo, mandioca, zanahoria, pescado y pasta de tamarindo, para darle un toque ácido perfecto. Y las guindillas más picantes que hayamos probado, a gusto del consumidor.
Cada cucharada sabía exactamente igual a como lo recordábamos… y pronto descubrimos el secreto: en los fogones, una mamam africaine 100%, con su vestido y gorro de colores, dando lo mejor de sí para nuestra alegría. La nuestra y la de otros negros que poblaban el local, comiendo como si fuera su propia mujer la que les cocinara.
Repetimos unos días después. Como el local es tan, tan africano, de los 8 o 9 platos que hay en la carta, solo tenían disponibles dos de ellos (mejor así, todo bien fresco, cocinado del día) así que nos tocó repetir con el thiebuyenne pero pudimos probar la sopa kandja, un guiso de pescado con verduras bastante pesado y aceitoso… exactamente como en África.
Volveremos, claro, aún tenemos muchos platos que disfrutar y recordar. Y 7 euros por plato (perfectamente compartible entre dos personas) es un precio más que razonable por volar y pisar Senegal durante unas horas.
(Restaurante Baobab: Calle Cabestreros 1, entre Tirso de Molina y Lavapies; Ojo: cierra los martes)
Candidatos a mejor blog del año 2011
Después de viajar y darnos el lujo de disfrutar un añito cruzando África ahora, encima, nos haría ilusión que el esfuerzo que pusimos en el blog de nuestro viaje fuera recompensado con un premio, como si con ello pudiéramos retirarnos…
Ya sabéis cómo son estas cosas: un portal de blogs (bitácoras.com) consigue que blogueros (nosotros) ilusionados le hagamos publicidad entre nuestros amigos, seguidores y familiares (vosotros)… para que los que tengan más votos sean revisados por un panel de expertos críticos y decidan a quién le dan el premio.
Vaya, que necesitamos vuestro apoyo para tener más posibilidades de ser el “Mejor blog de viajes 2011”. Ahí es nada.
Es muy fácil, poco laborioso y, a priori, no parece que os vayan a bombardear con publicidad tras dar los datos que os piden.
Así que si disfrutaste (y aún lo haces) con nuestro blog, te hemos convencido y crees que se merecería el título… ¡adelante!
Primero debes registraste pulsando aquí y una vez hecho esto… votas pulsando aquí, en la categoría Bitácoras de viaje.
Muchas gracias si nos das tu apoyo y, si no, pues también por seguirnos.
Los números de África de cabo a rabo
A estas alturas, quienes nos han seguido ya lo habrán notado y no puedo sino reconocerlo: tengo debilidad por las estadísticas. Tras cinco meses de haber reposado y repasado el viaje, por si alguien tiene curiosidad, aquí dejo algunos números que pretenden ilustrar la experiencia de África de cabo a rabo:
- Nº de días de viaje: 350.
- Nº de países visitados: 17.
- Nº de kilómetros recorridos: 43.169 (37.892 por tierra, 4.812 por aire y 465 por agua).
- Nº de aeropuertos usados: 8.
- Nº países en los hemos tenido que pagar por el visado: 10.
- Nº de veces que hemos tenido que abrir la mochila en la aduana: 2 (1 en Angola y 1 en la frontera de Mauritania con el Sáhara Occidental, controlada por Marruecos).
- Nº de veces que nos han pedido que enseñemos el pasaporte fuera de fronteras o aeropuertos: 54 (1 en Madagascar -y acabamos en comisaría-, 10 en Gabón -5 de ellas en el mismo trayecto de 300 kms-, 7 en Camerún -1 fue un policía muy borracho-, 1 en Nigeria, 7 en Burkina Faso, 1 en Malí, 4 en Senegal, 14 en Mauritania -7 en el mismo trayecto de 400 kms, en uno de los cuales nos hicieron abrir la mochila-, 9 en Sáhara Occidental -7 de ellos en el mismo trayecto de 300 kms-).
- Nº de veces que un policía ha intentado que paguemos una multa o impuesto imaginario o que le diésemos dinero porque sí: 5 (1 en Madagascar –estaba borracho- , 1 en Gabón –un gordo muy serio cerca de la frontera-, 2 en Nigeria -en un control de carretera y en la frontera con Benín-, 1 en Benín -dos brujas codiciosas y aburridas, en la frontera con Nigeria-).
- Nº de sobornos, multas e impuestos imaginarios pagados y de veces que dimos algo porque sí: 0.
- Nº de veces que un policía nos hizo un favor sin pedir nada a cambio: 1 (en Malí, nos aceleraron el trámite de ampliación del visado).
- Nº de accidentes sufridos en carretera: 1 (en Gabón, entre Lopé y Lastourville, el camión de butano en el que íbamos chocó contra un 4×4, sin heridos graves -ni personas ni bombonas-).
- Nº de robos sufridos: 1 (en Maroua, Camerún: un chico nos robó un puñado de la ensalada que nos estábamos cenando).
- Nº de robos frustrados: 2 (en la capital de Namibia, Windhoek, supuestamente una de las ciudades más seguras de África, uno nos intentó abrir la mochila y otro quitar algo del bolso).
- Nº de fotos hechas: 8.981
- Nº de diarios (Moleskine) escritos: 15 (Itziar 8, Pablo 7 con su letra diminuta).
- % de postales enviadas por Itziar que llegan a destino: 85%
- % de paquetes enviados que llegan a destino: 75% (llegaron de Sudáfrica, Namibia y Camerún pero no de Malí).
- % de pruebas de malaria positivas: 0% (a Pablo le hicieron una y a Itziar siete).
- Nº de tarjetas SIM (para móvil) compradas: 9.
- Nº de pantalones rotos y abandonados en el camino: 4 (2 cada uno).
- Nº de objetos perdidos: 3 (unas gafas de sol, una toalla, un paraguas).
África entra en nuestro salón
Nos ha costado casi 5 meses, pero las cuatro máscaras que nos trajimos de África (más bien, que tuvimos la suerte de que llegaran a Madrid vía paquete postal o mensajería familiar -gracias Charo, Ainhoa, Javier), ya cuelgan en la pared de nuestro salón.
Como no podía ser de otra manera, detrás de cada una hay una pequeña historia:
Nuestra primera adquisición fue en Camerún, involuntariamente. No sabíamos todavía si nos quieríamos comprar una máscara (¿qué hacer con ella? ¿cargarla en la mochila? ni locos… ¿enviarla por correo? qué riesgo…) Al final, como tantas veces, el precio fue el culpable: el que le dijimos al vendedor (por aquel entonces ya éramos sus hermanos y poco menos que íntimos) fue tan bajo respecto al que nos intentaba colar que cuando aceptó, no nos quedó otra que aceptar. Por suerte nos gustaba así que salimos encantados y sorprendidos con nuestra máscara de apenas 8 euros.
La siguiente máscara la compramos en el mismo lugar: el pueblo de Foumban. Como ya teníamos una y seguramente la enviaríamos por correo, estaría bien aprovechar el envío… A esas alturas, aún no estábamos cansados de que todos los comisionistas de todas las tiendas que había junto al museo nos acosaran para entrar en la suya (o, bueno, en la del vendedor del que se llevarían una comisión). Debió de ser la sexta tienda o así, en ese momento en el que ya te empiezan a parecer todas las máscaras iguales… hasta que la vimos. Sencilla, colorida y ligera. Perfecto. La podríamos enviar fácilmente y tras varios amagos de pirarnos la sacamos a buen precio, algo como 12 euritos. Ya teníamos la parejita, pero mientras tanto, Pablo estaba pensando en un trío…

Y así entro en juego el toro, la más dificil de la tanda. Nos gustaba una de tamaño grande, casi tamaño real (exagero, claro) pero solo la tenían en una tienda… y algo dañada. Así que buscamos, preguntamos, entramos y salimos… todos decían que sí, que tenían lo que buscábamos, una parecida, “moins chere”… mentira, claro… así que, al final, tuvimos que comprar una pequeña. O no tanto. Pero al lado de la original… La compramos en la misma tienda que la anterior donde ya, por ser clientes, nos dijeron la mitad del precio que nos hubieran dicho, así que el regateo se quedó reducido solo a unos cinco minutos.
Y, finalmente, la cuarta, la más grande. La compramos (o más bien, la compró Pablo) en Bobo Dioulaso, Burkina Faso. En un descuido de Itziar, la negoció sin rodeos, rápidamente y, claro, a un precio mayor: 20 euros. Cada vez estábamos más hartos de regatear y flaqueó al encontrar otra máscara inesperada, casi no buscada. La más grande, la que más trabajo de tallado tiene y la más original y, además, con una madera de mayor solidez y dureza… Para Pablo, no hay que decirlo: es la más bonita.
Claro que esto es como cada cosa que detrás tiene su historia: al final, te encariñas de todas. Pero ¿cuál es vuestra favorita?


