Archive for abril, 2010
Moving along the coast! (English version)
So here we are. For the first time writing in English for our worldwide followers and fans, concerned about our safety and sake. After writing it in English, we will translate it into Spanish with Google Translator and see what our Spanish fellows understand of it all. So, English speakers, this goes for you!
Finally we left Cape Town. It was a hard decision. We were so happy at Miquel and Eva’s place that we did not want to leave. It was almost like being home. We were cooking our own food everyday, having hot showers, having breakfast in a lovely garden overlooking Table Mountain… enjoying the comforts of life…
But we decided we wanted to see the country and we moved, by bus, on to Swellendam. Four hours or so of a 5 seater per row bus was not a so exciting thing. They showed a shitty movie although we crossed through beautiful landscape: wine states, mountains, loads of agricultural lands and saw cows, sheep and… ostriches!
Swellendam was like a German village just on the foots of huge mountains. It had so many churches that we almost could not count them all. The ratio church/people probably was about one church per 100 people… but even more guesthouses, all set in lovely and beautiful gardens, in cosy and well preserved german-looking buildings… It was all so clean, neat, cosy, perfect… pink, really pink… cheesy and tacky!!!! Of course blacks lived a few kilometres from the centre, in the township, far away from the European people (that is how white people used to called themselves, to differentiate from blacks and coloured people).
One day stop and continued next morning onto Knysna, passing through more fields, mountains and free range pastures for cows, sheep and, again, ostriches with their funny looks. Knysna is not famous for their churches (which they have a lot of them too) but for their oysters, which are cultivated on a lake. Obviously we had to try them (they were one euro per oyster) but according to the Seafood Master Itziar they do not live up to their fame. For me it was the second time I tried them in my whole life and… well, i was not too excited about their taste really… We have to say we also ate fish and chips at a supermarket, so it is not that we are becoming sibarites… We spent as well one night there, good time to realise that in this country, without a car, you are nobody. We are the only people walking everywhere and, unfortunatelly, like it was this case, the main attractions are not near the town, so we had to skip them… (I said we are the only people walking… it is not true. We are the only whites walking!! Blacks also walk everywhere!!! We are starting to understand the faces of sadness in the white drivers when they see us walking… they might be thinking “poor guys, they are poor and have to walk…”. We tell you, white South Africans do not walk!!) Not having a car is also annoying (as we do not want to pay taxis all the time): the bus stops are always on the outer centre of the city, so we are doing quite a lot of walk with our backpacks…
And the third move in the week was to get to Jeffreys Bay. A shorter 2 hours bus drive this time to get to the coast, famous worldwide (apparently) for the Supertube waves, which is one of the best in the world to surf in. The truth is that we have spent two days in this ugly and characterless town full of Billabong and Quiksilver shops because of the great and fantastic B&B that we found, with its cute and green garden, full of shade, its hammocks, its laid back and homely feel, the “take as many beers as you like and pay later” attitude… and, well, yes, surf. Today Pablo went surfing. 8am for a two hours lesson… reports have told us that he was so succesful that he went on a second two hours course to practice. He claims he can stand up quite regularly although the board he is using is like a war ship: almost nothing can turn it upside down…
But don’t you think we are just relaxing and enjoying, at 04:45 AM we are getting off of our pleasant B&B to catch a probably crowded and stinky bus that will take us to the Wild Coast (check your maps and keep logged! More entries in English to come!)
Nos movemos por la costa (Versión Española)
Así que aquí estamos. Por primera vez la escritura en Inglés para nuestros seguidores y fans de todo el mundo, preocupados por nuestra seguridad y el sake. Después de escribir en Inglés, lo vamos a traducir al español con Google Translator y ver lo que nuestros compañeros españolas entienden del todo. Por lo tanto, los oradores Inglés, esto va por ti!
Finalmente salimos de Ciudad del Cabo. Fue una decisión difícil. Estábamos tan felices en Miquel y el lugar de Eva que no quería salir. Era casi como estar en casa. Estábamos todos los días para cocinar nuestra propia comida, con duchas de agua caliente, el desayuno en un precioso jardín con vistas a la montaña Table Mountain … disfrutando de las comodidades de la vida …
Pero decidimos que queríamos ver el país y nos trasladamos en autobús, a Swellendam. Cuatro horas más o menos de un 5 plazas por cada fila del autobús no era una cosa tan emocionante. Mostraron una película de mierda a pesar de que cruzó por el paisaje hermoso: los estados del vino, montañas, cargas de tierras agrícolas y vio las vacas, ovejas y … avestruces!
Swellendam era como un pueblo alemán sólo en el de sedimentos de las montañas enormes. Había tantas iglesias que casi no podía contar con todos ellos. La iglesia relación / de la gente probablemente estaba a punto una iglesia por cada 100 personas … pero aún más casas de huéspedes, todo ello en hermosos jardines y hermosas, acogedoras y bien conservados edificios de aspecto alemán … Era todo tan limpio, pulcro, acogedor, perfecto … rosa, muy rosa … cursi y de mal gusto!! Por supuesto, los negros vivían a pocos kilómetros del centro, en el municipio, lejos de los europeos (así es como los blancos utilizados para llamaban a sí mismos, para diferenciarse de los negros y gente de color).
Un día deje ya la mañana siguiente continuó en Knysna, pasando por varios campos, montañas y pastos camperas para las vacas, ovejas y, de nuevo, con sus avestruces se ve rara. Knysna no es famosa por sus iglesias (que tienen muchos de ellos también) sino por sus ostras, que se cultivan en un lago. Obviamente hemos tenido que probar ellos (eran un euro por ostra), pero de acuerdo con la Itziar Mariscos Maestro no a la altura de su fama. Para mí era la segunda vez que los probó en toda mi vida y … Bueno, no estaba entusiasmado demasiado acerca de su gusto realmente … Tenemos que decir que también comían pescado y patatas fritas en un supermercado, por lo que no es que nos estamos convirtiendo en sibarites … Pasamos así de una noche allí, buen momento para darse cuenta de que en este país, sin un coche, no eres nadie. Somos la única gente caminando por todas partes y, desafortunadamente, como lo fue este caso, las atracciones principales son no cerca de la ciudad, por lo que tuvimos que saltar … (He dicho que son las únicas personas a pie … no es verdad. Somos los únicos blancos caminar! Negros también caminar por todas partes! Estamos empezando a comprender las caras de tristeza en los conductores blancos cuando nos ven caminar … que podría estar pensando “chicos pobres, son pobres y tienen que caminar …”. Le digo que los sudafricanos blancos no caminan!) No tener un automóvil es también molesto (ya que no quieren taxis pagar todo el tiempo): las paradas de autobús están siempre en el exterior del centro de la ciudad, por lo que estamos haciendo muchas cosas de caminar con nuestras mochilas …
Y el tercer movimiento en la semana era llegar a Jeffreys Bay. Un menor de autobús 2 horas en coche esta vez para llegar a la costa, mundialmente conocido (al parecer) de las ondas Supertube, que es uno de los mejores del mundo para navegar pulg La verdad es que hemos pasado dos días en este feo y sin carácter plenamente ciudad de Billabong y tiendas Quiksilver debido a la gran y fantástico B & B que se encontró, con su jardín lindo y verde, lleno de sombra, sus hamacas, su tranquilo y hogareño, el “tomar como cervezas que quiera y pague después “actitud … y, bueno, sí, la resaca. Hoy en día Pablo se dirigió surf. 8am para una lección de dos horas … informes que nos han dicho que tuvo tanto éxito que siguió un segundo curso de dos horas a la práctica. Dice que puede hacer frente con bastante regularidad, aunque el consejo que está utilizando es como una guerra de buques: casi nada puede darle vuelta al revés …
Pero ¿no te parece que estamos simplemente para relajarse y disfrutar, a las 04:45 AM que salimos de nuestro B & B agradable para tomar un autobús lleno de gente y probablemente apestoso que nos llevará a la Costa Salvaje (ver sus mapas y mantener conectado! Más entradas en Inglés por venir!)
Ciudad del Cabo
Hemos pasado una semana en Ciudad del Cabo, una ciudad fácil, con una vida no muy distinta de la vida en casa, aunque más tempranera (todo abre de 8 a 17), más deportista (hay muchos campos de rugby y cricket y se ve mucha gente corriendo, pero mucha mucha) y con un urbanismo más extenso, de casas unifamiliares con jardín -excepto en el centro- que hace que no haya separación visible entre unos pueblos y otros.
Aparentemente, las diferencias raciales están presentes en la vida diaria. Por ejemplo, los oficios menos cualificados (cajeros de súper, basureros, vigilantes de aparcamientos, etc.) los hacen solo negros. Los coches lujosos solo los conducen blancos. En muchos semáforos (que aquí se llaman robots) hay negros, nunca blancos, vendiendo cosas de lo más peregrinas: flores, esculturas de animales de madera o hechas con bolsas recicladas, periódicos, banderas, cargadores de móvil, gafas de sol… Los blancos hablan africaner o inglés con acento británico, los negros hablan un inglés que nos cuesta entender, aparte de xhosa o zulu o alguna otra de las lenguas que se hablan por aqua (hay once lenguas oficiales). Los mendigos son negros o blancos mayores de aspecto hippy. Igual lo que les da la pinta hippy son las rastas y la ropa rota… Bueno, igual no llevan rastas, sino solo el pelo sucio y enmarañado… pero parecen hippies que se han quedado en la parra. Y además ¿qué hacen pidiendo, si es cosa de negros?
En cualquier caso, lo que es notable es la suma educación de todo el mundo, negros, blancos y coloured, que son todos los que quedan entre esas categorías: siempre que se llega/pregunta/pide se dan los buenos días/tardes/noches, se da las gracias al conductor del autobús cuando te bajas, se desea un buen día al cajero de la tienda… ¿Será la herencia británica?
Los problemas de seguridad también son un asunto que preocupa: todas las vallas de las casas tienen pinchos o alambre de espino (a veces electrificado) y carteles que prometen un par de tiros. Además, por la noche no hay nadie por la calle, dicen. Nosotros, cuando hemos estado por la calle una vez que ya ha oscurecido, solo hemos visto negros andando y grupos de blanquitos haciendo footing. Por la calle, los negros andan y los blancos corren.
Un día Miquel y Eva nos prestaron su coche* para ir al Cabo de Buena Esperanza. No es el punto más austral ni donde el Atlántico se encuentra con el Índico, pero seguir los pasos de los grandes exploradores tiene algo de romántico ¿no? A un paseo de veinte minutos del Cabo de Buena Esperaza está Cape Point, que es el punto que está más al sur del suroeste de África. La cuestión es poner placas que digan “el lugar más…”.
Aunque no sea lo más al sur que se puede ir, merece la pena llegar hasta allí. El Atlántico, muy bravo, rompe contra la costa rocosa. El parque de Cape Point es una zona de matorral, está todo bastante verde y las playas son de arena fina y blanca. Hay muchísimas aves, aunque las únicas que hemos reconocido son las avestruces. Avestruces en la costa que miran desafiantes a quien se detiene a observarlas. En el parque también hay varios tipos de antílopes y, dicen, porque no las hemos visto, cebras (cebras del cabo, se llaman). Quienes se pasean tranquilamente y se asoman a ver qué hace la gente (y a ver si hay algo de comida que robar) son los babuinos, unos monos que cuando ves de cerca su cara de mala leche, cierras bien las ventanillas del coche y te aseguras de que el seguro está echado, que con lo espabilados que son, igual te despistas y se te acopla uno en el asiento de atrás.
De vuelta a Cape Town paramos en dos sitios. El primero, una playa donde viven pingüinos africanos (son pequeños y con una especie de lunares negros en el pecho) y se pueden ver en la playa, cruzando la calle o incluso debajo de tu coche aparcado. Hay una colonia y si vas al atardecer, se los ve llegando a la playa tras un día de pesca. Están muy acostumbrados a los humanos y van a su rollo, ajenos a las tropecientas personas que los miran y aplauden cada uno de sus saltos, aleteos o sacudidas.
El segundo era un pueblecito, Kalk Bay, donde paramos a comprar pescado fresco para la cena. En el puerto había un par de focas, atraídas por los chavales que les dan comida para que los turistas puedan hacer fotos y sacarse así unas perrillas (los chavales, no las focas). Compramos el pescado, una especie de besugo, directamente a un pescador y de repente un tipo prácticamente nos lo secuestró para limpiarlo, cosa que hizo -y muy bien, por cierto- tras regatear un poco el precio (la cosa quedó en unos 50 céntimos de euro).
Aquí, como en todas partes, el turismo es una fuente de ingresos. Pero nos han cobrado los mismos precios que a los locales y no nos han intentado timar. Además, por lo que hemos visto hasta ahora, no es tierra de regateo (a excepción del limpiador de pescados).
Otra cosa que no podíamos dejar de hacer era subir a Table Mountain. Andando. Casi cinco horas. Casi cinco horas andando cuesta arriba. Pero al llegar a lo alto, la recompensa de las espectaculares vistas de la bahía y de la ciudad. Y la de bajar en un teleférico que parece un platillo volante.
Entre paseos por la ciudad, la visita a Khayelitsa, visitas culturales (muy interesante el acuario y el museo de la esclavitud), excursiones por los alrededores y gestiones infructuosas varias (intentar conseguir el visado para Madagascar sin billete de avión comprado e intentar conseguir visado para Angola), el tiempo ha pasado sin darnos cuenta. Ya agarrábamos los taxis compartidos con naturalidad, conocíamos los barrios por los que nos movíamos y casi casi empezábamos a entender lo que dicen las cajeras del supermercado. Pero era hora de seguir ruta, así que tocaba hacer la mochila, mirar al este y… ¡adelante!
Para quien se lo esté preguntando, el punto más al sur de África es el Cabo de Agulhas, que está a unos 200 kms de Ciudad del Cabo.
* Condujimos sin incidencias a pesar de que ninguno de los dos había conducido un coche “a la inglesa”. Eso sí, el nivel de atención que teníamos que prestar para no meternos en el carril contrario al cambiar de dirección, era equivalente al de un torero en la plaza. Ya nos hemos acostumbrado bastante a que circulen por la izquierda, aunque alguna que otra vez me sobresalto porque el conductor va leyendo el periódico…
Visitando Khayelitsa. Visitando el township.
Era el momento. Al principio hubiera sido demasiado precipitado. Aun andabamos paranoicos andando por las calles, mirando a uno y a otro lado, pensando en que nos iban a robar, golpear y rematar en cualquier esquina… Pero con el paso de los dias vimos que Ciudad del Cabo no parecia tan peligrosa como nos la habiamos imaginado. Con el paso de los dias caminabamos tranquilos, relajados, disfrutando de sus tiendas, calles y edificios tipo americanas, de sus restaurantes de comida malaya sin mayores preocupaciones… Asi que pensamos que, si teniamos que ir a un township, ese era el momento.
Asi que después de 7 dias de dormir protegidos en casa de nuestros amigos Miquel y Eva, bajo un edredón de plumas, de comer rico y ducharnos caliente, decidimos ir a visitar y quedarnos a dormir en una de las barriadas de negros creadas por el apartheit, los townships, esos lugares a los cuales miles de negros y coloreados (coloured, en ingles) fueron expulsados, desde sus casas en el centro de la ciudad a las afueras, bien lejos de los blancos, desde principios de siglo XX. Sin mas motivos en realidad que ser negros (o mas concretamente, “no eran europeos” como decian los racistas blancos) Asi que les dijeron “os largais de aqui, os hemos preparado unas parcelitas en las afueras de la ciudad (a 20-30 kilometros) donde estareis muy a gusto. Son muy tranquilas y silenciosas. Ahora solo hay campos, asi que no molestareis a nadie. Y las casas que teniais, lo sentimos mucho, las vamos a derribar. Y como el ayuntamiento no tiene presupuesto, pues os toca a vosotros construiros nuevamente las casas” mas o menos debieron decirles. Asi que alli nos ibamos, a una de esas barriadas, construidas a base de chabolas, chapa sobre chapa, plásticos, maderas, cualquier cosa…, en las que, aparentemente, los niveles de violencia hacen de Ciudad del Cabo una de las ciudades mas peligrosas del mundo.
Al llegar a la estacion de taxis compartidos (en realidad, furgonetas de 16 plazas) nadie se extranyó demasiado cuando preguntamos por la furgoneta que iba a Khayelitsa, al Sector C, el lugar donde se situa uno de los 4 B&B aprobados por el gobierno para alojar a visitantes deseosos de conocer mejor lo que se cuece en esos barrios. En menos de 5 minutos estaba lleno y salimos zumbando direccion al aeropuerto, sólo que al llegar a su desvío seguimos saliendo, aun quedaban muchos kilometros. Sin embargo los primeros asentamientos chabolistas ya se veian… chabolas de chapa y madera, precarias, estaban construidas junto a la carretera. Apoyadas unas sobre otras, sin calles, solo pasajes minúsculos… En la zona más cercana al río, letrinas comunales vertiendo los residuos a éste. Y destacando sobre los techos, los cables eléctricos que, saliendo de cada chabola, pinchaban la electricidad de algunos postes eléctricos cercanos, creando una especie de carpa de circo sin cubierta. Ellos le llaman, las telas de aranya. Nosotros pobreza casi absoluta. Esos eran los “informal townships”, creados sin planificación, espontáneamente, como autenticas barriadas y focos de pobreza. Hacia uno de esos creíamos que nos dirigíamos, con las gargantas secas…
Los carteles llegaron: Khayelitsa, a la derecha. Bien clarito, pero giramos a la izquierda. Se me heló la sangre… Por fuera intentaba que no se me notara, pero ya empecé a imaginar que nos habríamos equivocado de furgo y nos iba a dejar en mitad de la nada, a un par de blanquitos, listos para asaltarnos y hacernos todas esas cosas que no nos habian hecho todavia… Paciencia, pensé, porque, efectivamente, tras dejar a un par de personas volvemos a ver nuestras queridas senyales. Site C. Estamos llegando… cada vez hay mas trafico, mas gente, y la calle se hace angosta. Pasamos por mugrientos puestos construidos a base de chapas en los que venden por especialidades corderos en partes. En una, las entranyas; en otra; las cabezas; en las que les da el sol inclemente, la carnaza sanguinolienta… Aparecen puestos de ropa, alguna ferreteria, alguna de accesorios para moviles… todos en precario, en puestos cubiertos construidos con tablones y un par de vigas de madera. Estabamos en los alrededores de una pequenya estacion de taxis compartidos… habíamos llegado. Y nos sueltan en una gasolinera, nuestro punto de encuentro acordado (o eso me parecio entender que me dijo la senyora del B&B por telefono) rodeados de trafico, gente, negros, y nosotros, destacando en nuestra blancura, refulgente. Me sentia como si alguien nos hubiera depositado alli con un rotulo enorme de “estamos aqui, miradnos”. Pero la realidad fue que nadie nos presto demasiada atencion…
Tras media hora de incertidumbre, aparecieron dos chicos que nos dijeron que venian llevarnos al alojamiento. Y nos fiamos, como no, mientras nos metian en el barrio. Mientras andábamos por la calle principal todo era actividad, pero aqui se desarrollaba en contenedores industriales, de los de los barcos. Habia peluquerias, tiendas de moviles, hasta un chino vendiendo ropa (y como no podia ser de otra manera, era el que mas surtido tenia…) Pero conforme nos internabamos por las callejuelas, entre chabolas, la actividad daba paso a la tranquilidad. Al ruido de pajaros, a la ausencia de coches. A ninyos jugando. Y poco a poco empezamos a ver como todo el mundo nos saludaba amablemente. Y que las chabolas daban paso a pequenyas casas de ladrillo, con techo a dos aguas, perfectamente sencillas y dignas. De hecho, no era ni una ni dos, eran muchas. Y empezamos a ver como el barrio no eran solo chabolas, sino una mezcla de construcciones. Habia calles asfaltadas. Y no habia postes de electricidad con miles de cables, sino electrcidad subterranea, asi como agua corriente en todas las casas y cloacas. Incluso un servicio de recogida de basuras semanal… Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que aquello no era un asentamiento chabolista, de peligros y riesgos, sino un pueblo precario, en el que vive la clase trabajadora negra y que repudian y temen tanto la violencia como nosotros…
El B&B resultó ser una construcción impresionante. Una empresaria local, hace 10 anyos, vio el potencial de recibir a extranjeros en su casa, para que conocieran lo que realmente era un township y la vida que en él hay.Empezó con su pequenya casa, en la única habitación que tenía. Así que empezó a recibir a gente, a ganar dinero, a prosperar y ampliar el negocio. A partir de una chabola mejorada, con el tiempo han sacado un segundo piso en el que tienen las habitaciones para los visitantes y un salón. Y es impresionante porque por fuera parece una chabola de dos pisos pero dentro es como un oasis. Luces halógenas, sofas de cuero, suelo de parquet, pantalla de plasma de nosecuantas pulgadas, portatil… Incluso han puesto banyos en las habitaciones en el piso de arriba, una proeza arquitectónica digna de mención, sin duda. Hoy en día Vicky es, visto lo visto, una gran empresaria, muy bien situada economicamente hablando, con 5 hijos en colegios privados, un gran coche familiar… una mujer que supo ver la oportunidad y prosperar. Pero lejos de querer irse, se ha quedado en su barrio de toda la vida, como segurametne harán todos aquellos que consigan, con el paso del tiempo, tirar adelante y mejorar su posición económica… Y gracias a ella muchos hemos llegado a conocer un poco su barrio y su forma de vida.
A la manyana siguiente caminamos dos horas por el barrio con un guía local, que nos contó la historia del lugar. Nos explicó como los townships resultantes del apartheit eran lugares de confinamiento y exlusión racial, pero era cierto que tenian unos servicios mínimos, como calles, agua, electricidad… Y otro tipo eran los que habiamos visto en el camino, construidos por gente que ha venido a la ciudad en busca de una oportunidad, asentándose allí donde pudieran, de cualquier manera… Khayelitsa es, como tantos otros townships, un lugar tercermundista, indignantemente distante de los barrios de los blancos (realmente como los de cualquier barrio de clase media alta de Europa) pero en el que el gobierno, con los escasos medios que tiene ante la gran magnitud del problema ha construido, allí donde ellos solo pudieron construirse chabolas, unas casas sencillas con sus comodidades y mínimos exigibles… Han pasado 15 anyos desde la construcción de este barrio, pero poco a poco se va convirtiendo en un pequenyo pueblo de casas humildes, habitado por gente trabajadora cuya única culpa es haber nacido negro en este país lleno de racismo y desigualdades…
Y nosotros, iluminados, contentos, sorprendidos, volvimos en nuestro taxi compartido al centro. Habíamos sobrevivido. Habiamos roto otra de esas imagenes totalmente erróneas con las que veníamos. Estabamos realmente contentos de haber visitado y dormido el township. Bye bye Khayelitsa.
On the way!
Llegó el 10 de abril y con él, nosotros a Estambul. Ha sido una escala en la que nos hemos sentido como en casa: conocemos la ciudad, Roger y Oznur nos han acogido y tratado como reyes, hemos visto a los amigos de allí y compartimos con Bárbara y Abel el último día de su viaje y el primero del nuestro.
No hemos visitado ni una mezquita ni un bazar ni un hammam, lo único que hemos hecho ha sido comer, beber, jugar al backgammon y seguir comiendo. Ha sido un respiro tras la vorágine enloquecida de las últimas semanas en Madrid. Por cierto, ¿sabéis qué hace un turco cuando gana un juego (el primero que gana cinco partidas)? Cierra la caja de backgammon -que aquí se llama tavla- y, junto con una palmadita en la espalda, se la da a su oponente y le dice que se vaya a practicar. Algunas españolas también lo hacen…
Tras un par de días en formato vacacional, volamos rumbo a Sudáfrica: doce horas hasta nuestro destino, Ciudad del Cabo. Imaginaos nuestro estado al llegar: cansados, sucios y despeinados. Lo bueno es que no se cambia de meridiano y nos ahorramos el jet lag. Además, tenemos la suerte de tener unos amigos que viven aquí, Miquel y Eva, quienes nos han acogido en su casa (¡gracias!), así que nuestra llegada ha sido bastante fácil.
Nos lanzamos a explorar la ciudad. Asomada al Atlántico y protegida por la majestuosa Table Mountain, llama la atención cómo en apenas unas manzanas conviven enormes y modernos edificios de oficinas con mercadillos de artesanía africana e iglesias de aspecto centroeuropeo. Por la mañana el centro de la ciudad es muy activo, con gente y mucho tráfico, aunque no excesivamente bullicioso. A partir de la hora en la que cierran negocios y bancos, todo el mundo se retira, llenando las carreteras y las estaciones de autobús.
Nuestro hogar temporal en Mother City (así llaman a Ciudad del Cabo) está
en un barrio residencial. Al caminar por él se ven casas unifamiliares, con jardín y rodeadas de árboles, se respira tranquilidad… hasta que aprendes lo que significan los carteles que casi todas las casas tienen en sus preciosas vallas blancas: “armed response” y “live wire”, o sea, que a los intrusos se les responde con armas de fuego y que las vallas están electrificadas. En casa de Miquel y Eva -y no será la única- junto al marco de la puerta de las habitaciones, hay unos discretos botones en los que pone “warning”: son los que hay que apretar si entra alguna visita indeseable para que venga un comando a responder a la intrusión con armas de fuego. Espero que no pulsen el botón cuando después de tres días vean que seguimos aquí…
¿Os gustan los deportes de riesgo, la emoción, la aventura? ¡Viajad en taxi compartido! Toda una experiencia.
Vídeos y fotos en sus respectivas secciones.
Se están mostrando las entradas del blogÁfrica de cabo a raboescritos en el mes de abril, 2010.


