Archive for the ‘Sudáfrica’ Category
Tres dias en el Parque Kruger
Parecia que no iba a ser posible, pero con cunya metimos la visita al parque mas famoso del pais. Muchos diran que hemos ido al mas obvio, al mas trillado, al mas turistico… pero la experiencia ha sido tan sobrecogedora que nos da igual.
Ademas, tuvimos la suerte de recibir visita: nuestros amigos Raquel y Dani estuvieron con nosotros y lo disfrutamos muchisimo, como podeis ver en la foto.

Han sido tres dias especiales, vagando con nuestro coche por pistas solitarias en busca de lejanos animales. Desde antilopes e hipopotamos a elefantes en grupos o solitarios y escondidos leopardos. Tanto nos ha gustado que pensamos repetir, pero en el Kalahari, que tampoco es plan viciarnos con los mismos fantasticos paisajes…
Bienvenidos a sudAFRICA
Pues sí, señoras y señores, aquí seguimos, con vida que no es poco. Estamos dando pocas señales de vida en estas primeras semanas, somos conscientes, pero es que este país es, en muchas cosas (o zonas) un país muy desarrollado pero en otras, es un tercermundista. Los costes de conexión a internet fuera de las ciudades (entre 2 y 6 euros la hora de conexión) así como los horarios de los cyber (cierran cuando se hace de noche, es decir, a las 17:30h) no nos lo están poniendo fácil para escribir todas las crónicas que nos gustaría. Excusas y motivos planteados, vamos al grano.
Nos habíamos quedado enganchados 4 días en Jeffreys Bay, una de las mecas del surf, sí, pero uno de los pueblos más feos de la poéticamente llamada Garden Route. La culpa, el estupendo hostal y sus hamacas, sus árboles con flores, las barbacoas nocturnas y sus simpáticos dueños. Pero decidimos ser valientes y continuar nuestro camino, emprendiendo camino hacia la llamada (no menos poéticamente) Wild Coast, una rugosa costa, de montañas y escarpados acantilados, de mar bravo y pueblos aislados.
Y fue en eso que, de repente, sentados en nuestro balanceante autobús de dos pisos, camino a Port St. Johns, entramos en África. Fue como pasar del primer mundo al tercero en unas horas. En cuestión de un par de horas pasamos de una costa llena de chalets de blancos ricos a transitar por enormes extensiones verdes, solitarias, salpicadas de pueblos constituidos por diminutas chozas con su cercado para el ganado y sus pequeños cultivos de maiz. Paisaje de ropa tendida a secar y de carreteras, salvo la principal, sin asfaltar. De gente andando en mitad de la nada, yendo y viniendo quién sabe dónde. De niños impecablemente uniformados saliendo de colegios y de letrinas en las afueras de las casas, bien alejaditas para mantener los olores a raya. Y de ciudades comerciales horrorosamente funcionales con tiendas improvisadas en contenedores, edificios algo destartalados y mucha gente, mucho trasiego, pero sin ningun encanto más que dejarlas atrás.
Poco a poco nos acercábamos a la Wild Coast, la costa brava, bajando de esa infinita meseta africana a la costa, bruscamente, a tumba abierta, como siempre conducen por aquí. La vegetación cambió radicalmente en menos de una hora. Entramos en el trópico, con su densidad vegetal, sus colores saturados, su intensidad cromática… Aparecieron plátanos, papayos, aguacates… En tan solo 100 kilometros, nos pareció cambiar de país ¡por segunda vez en el mismo día! Port St Johns tenia playa, pero tampoco fuimos allí por ella. Buscábamos salir de la turísticamente desarrollada Garden Route y ver más país. Y lo vimos: allí no había townships, esos focos de miseria, por la sencilla razón de que apenas hay blancos. Los cuidados jardines de aire holandés y el aroma a tortitas y café dieron paso a pobreza y olor a papa (una pasta de maíz que más que alimentar, rellena el estómago). La discriminación del Apartheit en esta zona, cuna de Nelson Mandela, se tradujo en la formación del estado de Transkei. La independencia duró unos breves años pero la escasa inversión, por falta de recursos, ha dejado una huella visible de pobreza. Durante un par de días paseamos por pequeños pueblos situados en acantilados. Caminamos por la reserva natural de Silaka, viendo cómo martines pescadores se lanzaban al agua y cómo las vacas descansaban junto al agua. Visitamos playas de mar abierto y de fuerte oleaje (aunque sea el Índico) sin más desarrollo turístico que un par de hostales de mochileros y un chinguito de playa, donde los locales se toman las cervezas. Todo un cambio.
Pero todo eso cambió subitamente, unos días después, en las escasas 5 horas de trayecto (kamikaze, por supuesto) en furgoneta hasta Durban. Serpenteando por colinas, entrantes costeros, remontando el camino hasta la meseta, de repente volvimos a encontrarnos con campos de golf, resorts exclusivos, tráfico en las carreteras, ciudades limpias y pulcras con sus townships en el extrarradio, residencias de veraneo… se notaba que volvía la presencia blanca: nos acercabamos a Durban, la gran capital costera del país, que tanto prometía y tan poco nos ofreció.
Sin duda, el error de principiantes que cometimos tuvo mucha culpa: pensamos que eligiendo un albergue en el centro de la ciudad, cerca del barrio indio, cerca de la playa, del par de monumentos interesantes, era lo más idóneo. No caímos en la cuenta de que, como en Cape Town, los ricos no viven en el centro. Ni la clase media. Así que nuestro albergue, situado en un segundo piso, resultó estar situado estratégicamente encima de Sonja’s, una casa de putas, en la que cada vez que pasábamos por la puerta, tres simpáticas chicas en biquini me saludaban contoneándose detrás de una reja. No tardamos en fijarnos que otros hoteles de la zona ofrecían habitaciones por horas. Y al caer la noche, una formación de mendigos estableció su campamento enfrente de nuestro hostal… Duramos dos noches allí. Un par de gestiones, de averiguaciones, y nos fuimos camino a las montañas, camino a Lesotho. Eso sí, después de probar el plato orgullo de la ciudad, el Bunny Chow: medio pan de molde, vaciado y relleno de curry de pollo… solo apto para gente voraz, pues si tardas en comértelo, es probable que acabe en tu regazo y chorreando hasta los codos…
Y de todas las formas de entrar al Reino de las Montañas (así llaman a Lesotho) lo quisimos hacer por la más complicada. Solo faltaría, ya nos conocemos… Decidimos intentarlo por la única que obliga a todos los coches que intenten subir el famoso (por aquí) mítico puerto de Sani Pass sean 4×4, porque la pista, lo que se llama pista, pasa a ser un pedregal en toda regla a mitad de su recorrido. Aun con todo eso, lo que leíamos decía que era la ruta más impresionante de acceder al país y no quisimos perdérnoslo. Así que fuimos a coger carrerilla a las faldas de las montañas Drakensberg, al bucólico y solitario albergue de montaña Sani Lodge, donde aparte de comer bien, disfrutamos caminando por sus colinas vigiladas por imponentes montañas de casi tres mil metros. Unas montañas sin apenas picos, sin aristas afiladas, sino formadas por grandes desniveles rocosos sustentados por generosas bases de tierra cubierta de vegetación. Verde jugosa, pero empezando a amarillear. Aquí está entrando el otoño.
Un par de días fue lo que nos quedamos allí y el 4 de mayo decidimos que era el momento de intentar el ascenso. De las cuatro opciones -alquilar un 4×4, unirnos a un tour, intentarlo en el duro pero efectivo transporte público lesoteño o hacer autoestop a algún turista sudafricano- escogimos la más cómoda y barata: la última. 45 minutos después de sacar el dedo, lo conseguimos. El impresionante y duro ascenso lo haríamos pilotados por un gordo rubio acompañado por su “honey”, una india simpática obsesionada con filmar todas las cascadas y saltos de agua con su cámara de vídeo. Como eran majos y él conducía con cuidado, no nos importó demasiado que mientras el coche andaba botando por las primeras rampas ya se hubiera pimplado dos cervezas de un tirón. Apenas eran las diez de la mañana. La tercera cayó antes de hacer cumbre. La cuarta y la quinta corrieron por nuestra cuenta, en el Sani Top, el pub más alto de Africa, en el Sani Pass, a 2.873 metros. Si llegaron abajo o se salieron por una curva, nunca lo sabremos. Allí nos quedamos, en lo alto del puerto, tras sellar nuestros pasaportes en la segunda frontera de nuestro viaje, con un viento gélido, esperando que algún alma caritativa o algún transporte público nos llevara hacia el interior el país.
Entrevistados en la radio!!
El pasado 1 de mayo tuvimos la suerte de establecer contacto telefonico con la gente del programa de viajes Clase Business, de Gestiona Radio, con quienes conversamos unos minutos. Os paso el enlace para que los que nos querais escuchar, podais, en diferido.
http://gestionaradio.com/getplayer.php?aud=5086
La entrevista tuvo lugar por el minuto 18, asi que ajustad el volumen de los altavoces y disfrutad con nuestra voz…
Moving along the coast! (English version)
So here we are. For the first time writing in English for our worldwide followers and fans, concerned about our safety and sake. After writing it in English, we will translate it into Spanish with Google Translator and see what our Spanish fellows understand of it all. So, English speakers, this goes for you!
Finally we left Cape Town. It was a hard decision. We were so happy at Miquel and Eva’s place that we did not want to leave. It was almost like being home. We were cooking our own food everyday, having hot showers, having breakfast in a lovely garden overlooking Table Mountain… enjoying the comforts of life…
But we decided we wanted to see the country and we moved, by bus, on to Swellendam. Four hours or so of a 5 seater per row bus was not a so exciting thing. They showed a shitty movie although we crossed through beautiful landscape: wine states, mountains, loads of agricultural lands and saw cows, sheep and… ostriches!
Swellendam was like a German village just on the foots of huge mountains. It had so many churches that we almost could not count them all. The ratio church/people probably was about one church per 100 people… but even more guesthouses, all set in lovely and beautiful gardens, in cosy and well preserved german-looking buildings… It was all so clean, neat, cosy, perfect… pink, really pink… cheesy and tacky!!!! Of course blacks lived a few kilometres from the centre, in the township, far away from the European people (that is how white people used to called themselves, to differentiate from blacks and coloured people).
One day stop and continued next morning onto Knysna, passing through more fields, mountains and free range pastures for cows, sheep and, again, ostriches with their funny looks. Knysna is not famous for their churches (which they have a lot of them too) but for their oysters, which are cultivated on a lake. Obviously we had to try them (they were one euro per oyster) but according to the Seafood Master Itziar they do not live up to their fame. For me it was the second time I tried them in my whole life and… well, i was not too excited about their taste really… We have to say we also ate fish and chips at a supermarket, so it is not that we are becoming sibarites… We spent as well one night there, good time to realise that in this country, without a car, you are nobody. We are the only people walking everywhere and, unfortunatelly, like it was this case, the main attractions are not near the town, so we had to skip them… (I said we are the only people walking… it is not true. We are the only whites walking!! Blacks also walk everywhere!!! We are starting to understand the faces of sadness in the white drivers when they see us walking… they might be thinking “poor guys, they are poor and have to walk…”. We tell you, white South Africans do not walk!!) Not having a car is also annoying (as we do not want to pay taxis all the time): the bus stops are always on the outer centre of the city, so we are doing quite a lot of walk with our backpacks…
And the third move in the week was to get to Jeffreys Bay. A shorter 2 hours bus drive this time to get to the coast, famous worldwide (apparently) for the Supertube waves, which is one of the best in the world to surf in. The truth is that we have spent two days in this ugly and characterless town full of Billabong and Quiksilver shops because of the great and fantastic B&B that we found, with its cute and green garden, full of shade, its hammocks, its laid back and homely feel, the “take as many beers as you like and pay later” attitude… and, well, yes, surf. Today Pablo went surfing. 8am for a two hours lesson… reports have told us that he was so succesful that he went on a second two hours course to practice. He claims he can stand up quite regularly although the board he is using is like a war ship: almost nothing can turn it upside down…
But don’t you think we are just relaxing and enjoying, at 04:45 AM we are getting off of our pleasant B&B to catch a probably crowded and stinky bus that will take us to the Wild Coast (check your maps and keep logged! More entries in English to come!)
Nos movemos por la costa (Versión Española)
Así que aquí estamos. Por primera vez la escritura en Inglés para nuestros seguidores y fans de todo el mundo, preocupados por nuestra seguridad y el sake. Después de escribir en Inglés, lo vamos a traducir al español con Google Translator y ver lo que nuestros compañeros españolas entienden del todo. Por lo tanto, los oradores Inglés, esto va por ti!
Finalmente salimos de Ciudad del Cabo. Fue una decisión difícil. Estábamos tan felices en Miquel y el lugar de Eva que no quería salir. Era casi como estar en casa. Estábamos todos los días para cocinar nuestra propia comida, con duchas de agua caliente, el desayuno en un precioso jardín con vistas a la montaña Table Mountain … disfrutando de las comodidades de la vida …
Pero decidimos que queríamos ver el país y nos trasladamos en autobús, a Swellendam. Cuatro horas más o menos de un 5 plazas por cada fila del autobús no era una cosa tan emocionante. Mostraron una película de mierda a pesar de que cruzó por el paisaje hermoso: los estados del vino, montañas, cargas de tierras agrícolas y vio las vacas, ovejas y … avestruces!
Swellendam era como un pueblo alemán sólo en el de sedimentos de las montañas enormes. Había tantas iglesias que casi no podía contar con todos ellos. La iglesia relación / de la gente probablemente estaba a punto una iglesia por cada 100 personas … pero aún más casas de huéspedes, todo ello en hermosos jardines y hermosas, acogedoras y bien conservados edificios de aspecto alemán … Era todo tan limpio, pulcro, acogedor, perfecto … rosa, muy rosa … cursi y de mal gusto!! Por supuesto, los negros vivían a pocos kilómetros del centro, en el municipio, lejos de los europeos (así es como los blancos utilizados para llamaban a sí mismos, para diferenciarse de los negros y gente de color).
Un día deje ya la mañana siguiente continuó en Knysna, pasando por varios campos, montañas y pastos camperas para las vacas, ovejas y, de nuevo, con sus avestruces se ve rara. Knysna no es famosa por sus iglesias (que tienen muchos de ellos también) sino por sus ostras, que se cultivan en un lago. Obviamente hemos tenido que probar ellos (eran un euro por ostra), pero de acuerdo con la Itziar Mariscos Maestro no a la altura de su fama. Para mí era la segunda vez que los probó en toda mi vida y … Bueno, no estaba entusiasmado demasiado acerca de su gusto realmente … Tenemos que decir que también comían pescado y patatas fritas en un supermercado, por lo que no es que nos estamos convirtiendo en sibarites … Pasamos así de una noche allí, buen momento para darse cuenta de que en este país, sin un coche, no eres nadie. Somos la única gente caminando por todas partes y, desafortunadamente, como lo fue este caso, las atracciones principales son no cerca de la ciudad, por lo que tuvimos que saltar … (He dicho que son las únicas personas a pie … no es verdad. Somos los únicos blancos caminar! Negros también caminar por todas partes! Estamos empezando a comprender las caras de tristeza en los conductores blancos cuando nos ven caminar … que podría estar pensando “chicos pobres, son pobres y tienen que caminar …”. Le digo que los sudafricanos blancos no caminan!) No tener un automóvil es también molesto (ya que no quieren taxis pagar todo el tiempo): las paradas de autobús están siempre en el exterior del centro de la ciudad, por lo que estamos haciendo muchas cosas de caminar con nuestras mochilas …
Y el tercer movimiento en la semana era llegar a Jeffreys Bay. Un menor de autobús 2 horas en coche esta vez para llegar a la costa, mundialmente conocido (al parecer) de las ondas Supertube, que es uno de los mejores del mundo para navegar pulg La verdad es que hemos pasado dos días en este feo y sin carácter plenamente ciudad de Billabong y tiendas Quiksilver debido a la gran y fantástico B & B que se encontró, con su jardín lindo y verde, lleno de sombra, sus hamacas, su tranquilo y hogareño, el “tomar como cervezas que quiera y pague después “actitud … y, bueno, sí, la resaca. Hoy en día Pablo se dirigió surf. 8am para una lección de dos horas … informes que nos han dicho que tuvo tanto éxito que siguió un segundo curso de dos horas a la práctica. Dice que puede hacer frente con bastante regularidad, aunque el consejo que está utilizando es como una guerra de buques: casi nada puede darle vuelta al revés …
Pero ¿no te parece que estamos simplemente para relajarse y disfrutar, a las 04:45 AM que salimos de nuestro B & B agradable para tomar un autobús lleno de gente y probablemente apestoso que nos llevará a la Costa Salvaje (ver sus mapas y mantener conectado! Más entradas en Inglés por venir!)
Se están mostrando las entradas sobre Sudáfrica.
