África de cabo a rabo

Africa de cabo a rabo

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La sangre fluye

Lo admitimos: no pudimos resistirnos a comprar la edición nigeriana del Saturday Sun del 4 de diciembre tras ver su portada: en grandes letras “LA SANGRE FLUYE. 7 muertos y 4 heridos en la región de Plateau”. Ni más ni menos que 72 páginas a todo color de puras noticias por solo 150 nairas, aproximadamente 0,75€. Irresistible.

Pasamos la hoja y quedamos deslumbrados con el anuncio a toda página del congreso religioso que tiene como lema “todo va a ir bien”. Se parece más al cartel de una película que a algo tan serio como este congreso, que promete “salvación, curación, milagros y alegría”. Algo más adelante encontraremos otro anuncio de este tipo, que nos invita a la conferencia “la cruzada del millón de hombres” y, como empresarios que son saben mucho de marketing, y ofrecen transporte gratuito al evento.

Sin reponernos del todo de la impresión encontramos en la página 3, para alegrarle la vista a los lectores, una foto de “la chica Sun” en pose seductora (pero vestida, no como las del As), con su teléfono y su email y una nota del editor diciendo “¿te consideras lo suficientemente guapa para salir en esta sección?”. (Si alguna de vosotras está interesada en tener muchos amigos nigerianos, mandad vuestro cv a Coscharis street, Kirikiri Industrial Estate, Apapa, Lagos.)

Las elecciones se aproximan y el ambiente se caldea. Los partidos políticos denuncian mediante anuncios, a toda página, a otros políticos o candidatos a las elecciones, acusándolos de corrupción o incompetencia, con casos concretos (por ejemplo describen en detalle cómo el presidente de Nigeria pasó a dos políticos un sobre con 50.000 dólares en concepto de “gastos de avión para ir a visitarlo”).

A continuación, la sección Sociedad y sucesos nos atemoriza con la noticia de un lugar donde ha habido muchas muertes por accidentes de tráfico que la gente atribuye a los vampiros y a que está maldito: dicen que en los alrededores se hacen sacrificios rituales. Del mal estado de las carreteras y de la conducción temeraria, que hemos constatado, nadie dice nada.

Y una de arena: un par de páginas con artículos sobre personas cuya conducta es ejemplo para la sociedad, como el niño que ha sacado las mejores notas de África del Oeste, gracias a que “se ha privado del placer para poder estudiar”, o un hombre al que una facultad de teología y una iglesia han entregado sendos premios por sus obras filantrópicas, todo salpicado de menciones a Dios.

En la página 11 empieza la sección de noticias nacionales. Un par de ellas:

- Han indultado a 27 soldados condenados a siete años de prisión que se habían manifestado porque no les pagaban los salarios. Inicialmente habían sido condenados a cadena perpetua, pena que fue conmutada por los siete años.

- Namadi Sambo, vicepresidente de Nigeria, y Alhaji Shehu Idris, emir de Zazzu, salen en una foto con Punyung Chun, presidente de United Nigeria Textil, en la repertura de la empresa. Hasta las tradicionales telas africanas ya están en manos de los chinos.

Pero no todo son anuncios de coches y de festivales de la fe, también hay espacio para la cultura: la página 15 nos anuncia un encuentro internacional de literatura con el tema “Nigeria: 50 años de literatura postcolonial”, que dura cuatro días y en el que participan dos premios Nobel. Ni más, ni menos.

La página 17 nos trae el suplemento Gente, con una extensa entrevista a Oladipo Akinkugbe, médico y profesor universitario, titulada “lecciones que el matrimonio me ha enseñado”. Y para cambiar el tono serio, una entrevista a dos famosas gemelas actrices y productoras en la que nos deleitan con perlas como “nuestro hombre ideal es uno que no nos pegue por ningún motivo”, “[nos desnudaríamos en una película] sobre todo si los espectadors aprendieran algo de ello” o “No podría ser ama de casa porque no me gusta estar en un sitio sin moverme”. Y como buenas nigerianas, en la mayor parte de sus respuestas mencionan a Dios, su fe o lo bendecidas que se sienten por tener tantísimo éxito.

Sigue la sección Política, con tres páginas de entrevistas a senadores y políticos de la administración local, antes de la sección Deportes, que dedica el mismo número de páginas al fútbol, gracias a la cual nos podemos enterar de que en Spanish La Liga el Villarreal y el Sevilla juegan mañana a las 18:00.

En la página 29 el suplemento “Aspiración” incluye entrevistas a Anuradha Koirala, que ha ganado el premio CNN 2010 por el trabajo de su ONG contra el tráfico de mujeres en India y Nepal y a Rose Mordi, presidenta de la Fundación Síndrome de Down de Nigeria. También a Olufemi Awoyemi, en la que se destaca cómo empezó vendiendo neumáticos usados y hoy es director de una empresa de asesoramiento a inversores. Se completa con un artículo de tres páginas bastante detallado sobre la corrupción en los puertos nigerianos. Seguro que se han dejado mucho en el tintero…

Siguen una página de crítica literaria, una de música y otra de Circuito cocktail que consiste en fotos de fiestas, en las que figuran cuatro mujeres y veinte hombres. Las dos páginas siguientes contienen columnas de opinión en las que aparecen las fotos de los autores junto con sus correos electrónicos y teléfonos para que uno pueda preguntar, opinar o insultar, lo que venga al caso.

En la sección Blockbuster, página 48, aparece un artículo que no se sabe muy bien si habla del Hotel 3J o de su “guapa directora”. Difícil saberlo cuando salen varias fotos de ella y ninguna del hotel y lo mismo menciona que el hotel tiene 73 habitaciones y que es el sitio de moda o que a ella le encantan los perfumes y que “casi siempre combino dos o tres”. Pero esta vez, no se hagan ilusiones, no dan el teléfono ni el correo electrónico de la chica.

Tras un par de páginas sobre música y moda, hay un hueco para el espacio Vida radiante, coordinado por el evangelista Femi Olaulowa, en la que aparecen dos columnas firmadas por pastores también evangelistas que se cierran con la frase “para oración o consejo, llámemle al 0803…”

Página siguiente, la 52: vemos lo que parece un consultorio sexual pero no es más que el anuncio de una empresa que fabrica artículos eróticos. Entre otras, a Mrs. George, una mujer que se pregunta qué demonios está haciendo su torpe marido cuando hacen el amor, le recomienda alguno de sus tres mejores estimuladores de clítoris. Lo que viene a continuación sí es un consultorio, titulado “Corazón a corazón”, en el que se mezclan asuntos triviales, como “creo que mi novio me miente” o “me he enamorado de la ex de mi primo”, con otros más serios como el de una chica de 16 años a quien acosa su tío, con el que vive.

Los niños también tienen su espacio en El mundo de los peques (página 55), cuyo tema de hoy es “¿por qué tienes que obedecer a tus padres?” Los niños, de hasta 4 años, nos deleitan con “para que me compren ropa”, “para que me compren Caprisone”, “para que paguen las tasas del cole” o “para que me quieran”.

Ahora que estábamos relajados, regresa la política con cuatro nuevas páginas de entrevistas a representantes de partídos sobre las tensiones pre-electorales y sus luchas de poder. Y para que no bajemos la guardia, la sección Defensa (página 65) nos ofrece noticias del ejército, como los ganadores del concurso de salto de obstáculos celebrado entre diferenes batallones. Imprescindible.

Casi cerrando el periódico, justo detrás de la sección Dolor de espalda y antes del artículo sobre el musical del artista Fela Kuti que se ha estrenado en Londres, encontramos, a página completa, el recuerdo del 20º aniversario del fallecimiento de un señor. Sería un tío importante porque aparece no en una, sino en dos páginas, una firmada por la familia y otra por una fundación.

Y con esto se acaba la diversión, la lectura del periódico, sin mención alguna a la actualidad del resto del mundo, a la previsión del tiempo, a la evolución de la bolsa ni, lo que es más sorprendente, al horóscopo. Y para los que os preguntéis por qué fluía la sangre, a nosotros también nos costó enterarnos: el desarrollo de la noticia quedaba casi oculto en un octavo de página que se le dedicaba en el interior. Está claro: la próxima vez nos compramos otro.

Welcome to Nigeria

Después de cuatro semanas Camerún, país que hemos recorrido de cabo a rabo, tocaba Nigeria. Cuatro semanas en las que hemos pasado por docenas de controles de policía y ejército en la carretera, de los que hemos salido sin perjuicio, aparte de alguna mancha de sudor en la camisa.

Nigeria pintaba peor. A la frontera llegamos con el culo apretado, tensos porque según lo que habíamos leído y hablado con otros viajeros es habitual que pidan el pago de tasas que no existen, regalos que no vienen a cuento y, como nos dijo uno que conoce bien el país, “les gustan mucho las cámaras de fotos”. Y nosotros solo llevábamos cuatro (y un goloso ordenador).

Salir de Camerún fue fácil: primero pasamos por inmigración para que pusieran el sello de salida en el pasaporte, todo sonrisas, todo amabilidad, todo “espero que os haya gustado el país”. Después, la policía, también amables pero más secos, hasta que “sí, venimos de Madrid pero nos gusta el Barcelona ¿eh?” (carta que hemos jugado mucho porque Eto’o aquí es un dios y todo el mundo es el Barça) y empezaron los choques de manos y las risas por el último 5-0 al Madrid. Apuntaron nuestros nombres y números de pasaporte en un cuaderno primero y en una hoja en blanco después y con un “¡hasta la próxima!” pudimos cruzar el puente que une Camerún con Nigeria.

Pisamos suelo nigeriano como quien regresa a casa de madrugada por las calles vacías de la ciudad, alerta, procurando no hacer ruido y aparentando normalidad. Alguien nos señala una chabola (de verdad, de palos y chapa) y entramos: es inmigración. Hay mucha gente vistiendo uniformes marrones y ninguna sonrisa. Un tipo muy serio nos saluda con un “welcome to Nigeria” y nos pregunta cuál es nuestra profesión, a qué venimos, qué vamos a hacer en el país, dónde vamos después… preguntas que responderemos muchas veces hoy. Miran pasaporte y visado, murmuran entre ellos y, para hacerlo corto, nos dicen que solo nos pueden dar cinco días porque el visado caduca el 10 de diciembre y hoy es día 3, así que nos conceden hasta el día 8. En realidad el 10 de diciembre caduca su validez para entrar al país y una vez dentro de Nigeria podríamos permanecer 14 días, pero en el visado no lo pone claramente. Intentamos conseguir un día más: “si el visado caduca el 10 ¿no nos puede dar hasta el día 9?” “No, el 9 tenéis que salir, así que os doy hasta el 8.” ¿?. Decidimos no discutir porque el visado no es muy claro sobre los días de estancia y en cualquier caso nuestra idea era solo cruzar Nigeria. Vamos, que nos choricean nueve días de visado y nos obligan a correr para atravesar el país. Con la pasta que nos costó…

Siguiente parada: la chabola de la policía. Estos van de azul y son muy jóvenes. El que tiene la cara llena de acné escribe con visible esfuerzo los datos del pasaporte en un cuaderno mientras, muy concentrado, se muerde la lengua. Otro, que por lo menos tiene 20 años, le va indicando lo que tiene que escribir en cada casilla. Este trámite es rápido y solo apuntan los datos de uno de los pasaportes y lo que les contamos de dónde vamos, cuánto dinero en efectivo traemos, etc. Sin siquiera verlo, dicen que los datos del otro pasaporte ya los copiarán. No sé qué dirá su jefe cuando se entere del procedimento…

A todo esto, vamos en un taxi cuyo conductor nos va diciendo lo que tenemos que hacer y nos espera tras cada trámite. El taxista nos indica que entremos en otra chabola. Aquí no hay uniformes ni placas… ni idea de quiénes son estos. Un tipo muy negro con una camisa muy blanca apunta los mismos datos de nuestros pasaportes en otro cuaderno. En la caseta aparece otro hombre, enorme y muy serio, y nos lanza las preguntas habituales, que remata con un “¿cuántos hijos tenéis?” Al oír que “aún ninguno, nos conocemos desde hace poco” (otra carta que jugamos para ahorrarnos explicaciones porque en África no se entiende que las parejas no tengan hijos), nos regala una charla de trasfondo religioso sobre la importancia de tener hijos. Asentimos como niños buenos y en cuanto el de la camisa blanca termina con nuestros pasaportes, nos largamos.

Nos vamos a subir al taxi pero el paciente taxista, con un gesto, nos indica que aún hay más. En la cuarta chabola nos saluda muy serio un hombre gordo vestido a la manera tradicional (pantalones y camisola casi hasta los pies, hechos con la misma tela de muchos colores). ¿Que qué llevamos en el equipaje? Pues ropa, cosas de aseo, medicinas… ¿Que qué medicinas? Analgésicos, antipiréticos, antibióticos… No, no tenemos receta para los medicamentos. ¿Que por qué? Pues porque no hace falta, son medicamentos que se venden en la farmacia sin receta. Y nos explica que es de Narcóticos, que por eso pregunta. ¿No llevaréis drogas? No. ¿Seguro? Sí. ¿Se-gu-ro? dice mirando fijamente a Pablo como cuando de pequeños jugábamos a “ojos de lobo”. Pablo aguanta la mirada y pasa la prueba. El tipo, que de repente juega a ser nuestro amigo, dice que cuándo volvemos y respondemos que no regresamos a Camerún. Insiste varias veces: “entonces ¿no nos vamos a volver a ver?” y para evitar que nos pida un recuerdo, le soltamos un “sólo Dios sabe cuándo volveremos a vernos” (tercera carta de nuestra baraja, que aquí todo el mundo es religioso y esas frases zanjan fácilmente las conversaciones). Con media sonrisa nos da la bienvenida a Nigeria, nos desea buen viaje y vamos hacia el taxi.

¿Cómo que aún no hemos terminado? La quinta caseta es la más rápida: sólo hay un tío dormido sobre un banco de madera y otro matando moscas sentado detrás de una mesa que mira los pasaportes, nos los devuelve, “welcome to Nigeria” y nos vamos. Otros que no sabemos quiénes son.

Ahora sí, digo yo. Pues no, nos queda otra, esta sí, la última chabola, la del ejército: dos tíos repantigados a la sombra con los uniformes medio desabrochados. El de mirada turbia me da la mano y sin soltarla me atrae hacia donde está sentado, muy cerca de él. “¿Es tu marido?” “Sí.” “Quiero que te divorcies de él y te quedes conmigo.” La broma se empieza a alargar cuando se ponen a hablar de cuánto dinero está el uno dispuesto a pagar y el otro dispuesto a aceptar. Huy, hablar de dinero con esta gente me da mala espina. Con un “I am priceless!” y unas risas se termina la discusión y empiezan las preguntas rutinarias (aunque aquí nadie escribe nada en ningún cuaderno), para acabar hablando de fútbol y con los choques de manos y palmaditas en la espalda porque en esta caseta también son todos del Barça. Con un “bienvenidos a Nigeria” se despiden de nosotros mientras subimos al taxi y partimos.

Por fin hemos terminado en la frontera. Ha sido largo (nos ha llevado una hora y pico) y tenemos menos días de los previstos, pero en el fondo no ha ido tan mal: no hemos desembolsado nada, no nos han abierto las mochilas que con tanto cuidado habíamos preparado para no dejar objetos de valor a la vista y no ha habido ninguna situación muy desagradable. Como si acabásemos de hacer un examen, nos sentimos aliviados y más relajados pero nos queda la incertidumbre de lo que pueda pasar en los próximos días: la frontera es solo el principio.

Tres minutos en Nigeria y ya encontramos el primer control de carretera. De los cuatro pasajeros del taxi solo nos hacen bajar a Pablo y a mí. Nos indican que nos acerquemos a una caseta donde un tío enfundado en un uniforme del ejército, con bigote y muy educado, nos coge los pasaportes, los mira, nos hace las preguntas de siempre, le decimos que venimos de Camerún, que vamos a Benín… y cuando ha terminado nos suelta un tímido “¿un souvenir?” Nos hacemos los locos. “¿Un souvenir?” insiste y nosotros seguimos haciéndonos los locos. Entonces prueba con “¿un regalo?” y Pablo salta con un “no, no hemos comprado ningún regalo en Camerún” y mientras el tipo asimila la respuesta, le cogemos los pasaportes de la mano y, dejándolo algo decepcionado, nos subimos en el taxi y nos vamos. Welcome to Nigeria.

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