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Festival sur le Niger
Ségou reúne una vez al año a algunos de los músicos más famosos de África Occidental en el Festival sur le Niger. Aunque gira en torno a la música, el festival ofrece mucho más: teatro, debates, exposiciones de pintura de artistas locales, muestras de máscaras y marionetas, talleres y, claro, puestos donde comprar artesanía o productos locales. Esta es una cita multicultural a la que acuden muchos turistas pero el público principal son los africanos. Además, las abundantes actividades gratuitas acercan el festival a los locales que no se pueden permitir pagar la entrada de los mejores conciertos, los de la noche. Los tuaregs aprovechan la afluencia de gente y vienen del norte del país en caravanas a vender sal, eso dicen con un halo místico en su voz, y la artesanía que hacen sus familias. Son espectaculares, con los ropajes amplios, azules, muy elegantes y los turbantes cubriéndoles cabeza, cuello y parte de la cara. También es espectacular lo insistentes que son y cómo negocian, pero esa no es la historia que nos ocupa aquí…
África de cabo a rabo tuvo la suerte de asistir un par de días a la edición de 2011 del festival. En todos los conciertos que vimos el protagonismo lo tenían los instrumentos tradicionales: la kora, el balafón (un xilófono de madera y calabazas), el djembé y otros instrumentos de percusión… El concierto que más disfrutamos fue el de Bassekou Kouyaté, al que no conocíamos de nada y nos sorprendió mucho su grupo de ngoni (unas guitarritas de unos 70 cms de largo, hechas de madera). Vimos cosas curiosas, como unos tuaregs (Future Takamba) que tocaban su música tradicional acompañados de un blanco con un ordenador, aunque el resultado nos dejó un poco fríos. El único concierto de los que vimos en el que no había instrumentos tradicionales nos aburrió, a pesar de que era el único nombre del cartel que conocíamos: Vieux Farka Touré. Aunque como solo estuvimos dos días nos perdimos algunos de los grandes músicos de la zona, como Toumani Diabaté (maliense y, según dicen, el mejor “korista” del mundo), Ismail Lo (de Senegal) o Femi Kuti (de Nigeria). ¡Otra vez será!
Como improvisamos y aparecimos en Ségou el mismo día de la inauguración del festival y los hoteles estaban reservados, nos tocó alojarnos en un barco de los que hacen recorridos largos por el río, atracado en el embarcadero y utilizado como hotel. Lo bueno es que estaba frente al recinto del festival y lo malo es eso mismo, que estaba frente al recinto del festival. Os dejamos una foto en la que se ve el barco y la visita que recibimos en el festival: Itziar y Kiko, que estuvieron enredando con los cables del escenario… Esperamos que os gustasen los conciertos ¡gracias por venir!

Imagenes de Mali
1. Timbuktú. País Dogón. Imprescindibles en una visita a Malí para la mayoría… ¿Ir o no ir? ¿A quién creer? El Ministerio de Asuntos Exteriores los desrecomendaba, por motivos de seguridad. Lo mismo que el Foreign Office y el Ministerio de Exteriores de Francia. A la vez, decenas de otros viajeros que conocimos habían estado, recorrido y disfrutado ambos de esos prohibidos, entre otros. ¿A quién hacer caso? ¿Ir era una imprudencia o no ir una paranoia? Algo está pasando en la zona, desde hace unos meses o años. Es indudable, lo sabíamos: en Niamey (Níger), unas semanas antes, dos franceses habían sido secuestrados y ejecutados esa misma tarde…
Al final, el destino, el recorrido, las fuerzas hicieron que no nos preocuparamos demasiado por ir. Lo dejamos para otro momento. Pasaban a nuestra lista de destinos a los que querremos volver. No se puede ver todo.
2. Las aceras en Bamako están construidas como en todas las ciudades africanas: sobre las cloacas. Corriendo a lo largo de las calles, en canalizaciones de un metro de profundidad, acumulan los deshechos de las casas y negocios. Acequias de putrefacción cubiertas de losetas de cemento, en la mayoría de ocasiones, en mal estado. La acera no existe, se ha improvisado sobre estas. Caminar por Bamako, como por casi cualquier ciudad africana, es una experiencia bastante olorosa. Desagradablemente olorosa.
3. El Níger, uno de los ríos más grandes de África. Empieza en Guinea, atraviesa Malí, Niger y va a desembocar en Nigeria, en el famoso delta, tan pobre como rico en petróleo. Surcarlo en piragua para muchos es una tarea diaria. Para nosotros la forma plácida de llegar a pequeñas aldeas de pescadores o ganaderos, prácticamente aisladas. El remero es, en realidad, un palero: no se usan remos, sino varas, de tres o cuatro metros, para avanzar por sus orillas. Vemos como pescadores lanzan las redes; como las mujeres lavan la vajilla, la ropa y los niños en sus aguas; como agricultores cultivan en campos verdes lechugas, repollos, tiñendo de verde el secarral que lo rodea. Y los martines pescadores, blancos y negros, se lanzan al agua en busca de su comida. En Malí es de color azul, sorprendentemente. Aún la arena, los detritus humanos y demás contaminantes no han degradado su color…
4. Bissap congelado. Perdón, flor de hibisco, también llamada jamaica en México, como líquido o sorbete refrescante. Morado oscuro. Si es natural, dulce, con un toque ácido. Si no, solo dulce. Congelada cada noche y vendida desde la mañana. En botellas de medio litro o también en pequeñas bolsas de plástico cerradas hábilmente con un nudo. En muchas esquinas del país las mamás las venden desde sus neveras portátiles. A 25, 50 o 100 francos (3.5, 7.5 y 15 céntimos de € respectivamente). A mi me gustan las bolsas, porque voy deshaciendo el hielo poco a poco con el dedo y por un agujero en la esquina de la bolsa, chupando su contenido como si fuera un sorbete.
5. Niños con una lata colgada del cuello con una cuerda, mendigando dinero o comida (que algunos les echan en las latas) por las calles de pueblos y ciudades. Es una prueba de humildad a la que sus profesores de Corán les obligan, para que aprendan de la importancia de la ayuda y generosidad con el necesitado en el futuro. Los padres envian a sus hijosa estudiar el Corán. El profesor les enseña pero no les alimenta, de hecho, les obliga a pedir. ¿Qué haces, les das o no les das? Contribuyes dando a un sistema por el cual niños se ven forzados a mendigar para comer. Y además, en nombre de una religión… Yo lo tengo claro. Pero se te parte el corazón contemplando las riadas de niños que se pasan el día entero buscando su comida…
6. En Malí desaparecen los techos de pajas, las casas redondas de piedra. Casi súbitamente. Poco después de cruzar la frontera de Burkina Faso nos encontramos con casas de adobe de un piso de techos planos, todo un cambio después de meses de casas con techos a dos aguas o cónicos. El Sahel maliense nos sorprende con una arquitectura totalmente diferente, con casas sombrías, de pequeñas ventanas, de sombras interiores, de patios alejados de los ojos de extraños. Pasear por ciudades como Djenné o pueblos de los alrededores recuerda a hacerlo en Marruecos, con sus medinas de callejuelas sinuosas, frescas. Y en mitad de los poblados, las únicas torres que se elevan: los minaretes de las mezquitas también construidas, increiblemente, en adobe también. La más increible, la mezquita de Djenné, famosa en el mundo entero, gracias a ser el edificio de adobe más grande de África. Ellos dicen del mundo entero. Da igual, impresiona cómo es posible levantar minaretes y muros tan alto solo a base de barro seco y madera para las vigas. Cada año, antes de la época de lluvias, la remozan, con una capa nueva de adobe, para que resista el impacto de las gotas de lluvia.
7. El té como gran pasatiempo. No es ni será único de este país, pero es el primero en el que lo vemos a escala masiva en nuestro ascenso desde el Sur. El té como excusa perfecta: nadie puede decir que todos esos hombres que descansan en la sombra todo el día no hacen nada: preparan y beben té, procedimiento elevado prácticamente a rango de arte. Primero encender el carbón para crear unas brasas en las que colocar directamente la tetera. En ella vierten agua y cuando está caliente el té (verde, origen de china) y lo dejan hervir unos cuantos minutos. Como amarga bastante, antes de beberlo, le echan bien de azúcar. Pero mucha. Y para mezclarlo todo bien lo escancian de la tetera al vaso. Hemos llegado a contar 22 veces, de la tetera al vaso y vuelta a la tetera… Todo este proceso para hacer como tres o cuatro vasitos de los de chato de té, que se beben bien calientes, sorbiendo y, al rato, empiezan de nuevo el procedimiento. Tienen todo el día por delante y nadie les va a decir que son unos vagos.
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